La aversión sexual ocasionalmente ocurre en hombres, pero es mucho más frecuente en mujeres. La causa puede residir en traumas sexuales como el incesto, el abuso sexual o la violación, una atmósfera represiva familiar, probablemente unida a una práctica religiosa muy rígida o dolor durante los primeros intentos de relación sexual. La actividad sexual puede recordar a la persona ese dolor aun cuando las relaciones ya no son físicamente dolorosas.
Tratamiento
El asesoramiento a las parejas puede ayudar a resolver los problemas en una relación. Las personas que han experimentado traumas sexuales pueden necesitar psicoterapia. Puede ser eficaz la terapia de comportamiento, en la cual una persona es gradualmente expuesta a la actividad sexual, comenzando con actividades que no resulten amenazadoras y progresando hacia la expresión sexual completa. Los fármacos pueden ayudar a aliviar los ataques de pánico en relación con la actividad sexual.